La exitosa película animada recupera la nostalgia del videojuego, pero también pone en escena una pregunta clave para las infancias: ¿qué pasa cuando los varones sienten que deben hacer algo extraordinario para ser aceptados?

Si naciste en los años 80, es difícil no emocionarse cuando al darle play a Super Mario Bros: La película aparece la clásica placa de Nintendo. Esa imagen activa, de inmediato, la nostalgia de una infancia marcada por los videojuegos y las tardes frente a la consola.
Disponible en Netflix, esta producción de Illumination junto a Nintendo y Universal Pictures apuesta fuerte a ese clima: una ambientación ochentosa, una banda sonora cargada de clásicos y una fidelidad notable al universo original de Mario.
¿De qué trata Super Mario Bros: La Película?
Mario y Luigi son dos hermanos entrañables que pertenecen a una familia italoamericana del barrio de Brooklyn, en Nueva York. Ambos trabajan para una empresa de plomería hasta que un día deciden abandonarlo todo para fundar su propia compañía y jugarse por su sueño.
Pero hay un problema: nadie cree en ellos. Y esto a Mario le duele, le duele mucho.
“Estoy harto de sentirme tan pequeño”

El día en que Mario y Luigi lanzan al mercado un spot televisivo para promocionar sus servicios no es la mejor jornada de sus vidas, especialmente para Mario, quien debe enfrentar el rechazo y la falta de confianza de su entorno. Aunque no de todos: su madre cree en él y lo apoya.
Sin embargo, el apoyo materno no es suficiente para este personaje, porque hay opiniones que evidentemente le importan más: las de aquellos hombres que encarnan rasgos de la masculinidad hegemónica. En otras palabras, los llamados “machos alfa”.

Primero debe enfrentarse a su antiguo jefe, Spike: un muchacho grandote, morrudo y arrogante que se burla de la publicidad que grabaron y lanza frases terriblemente crueles. Los trata de “torpes” y “fracasados” y, en particular, fulmina a Mario al decirle: “no eres nada y nunca serás nadie”. ¿Fuerte, no?
Más tarde, en la intimidad y calidez de su hogar, Mario recibe un nuevo golpe emocional cuando descubre que su padre tampoco confía en él. Le dice que está “loco”, que “nadie deja un trabajo estable por un sueño imposible” y que, encima, “está arrastrando a su hermano”.
Esta falta de apoyo por parte de las figuras masculinas lo desanima. ¿Por qué? Por un lado, porque cualquier persona que no se siente acompañada experimentaría tristeza. Pero hay algo más: Mario se siente pequeño.
Los varones también sufren el machismo
Nuestra cultura occidental aún promueve un modelo de género que otorga mayor valoración a lo masculino por sobre lo femenino y fomenta en los hombres ciertos comportamientos, como la competitividad, la demostración de virilidad, la búsqueda del riesgo, la independencia económica y, en algunos casos, el uso de la violencia.
Aquellos hombres que no cumplen con este mandato suelen ser estigmatizados y discriminados, tal como le sucede a Mario cuando anuncia que lanzará su propio emprendimiento. Por su baja estatura y su sensibilidad, otros hombres creen que no podrá hacerlo, y lo someten a burlas, desprecios y descreimiento.
Sin embargo, la historia da un giro el día en que se rompe una de las tuberías más importantes de Brooklyn. En ese momento, Mario siente que tiene la oportunidad de demostrar que puede hacer algo grande, algo extraordinario, y lo considera el gran desafío de su vida.

Esto implica, por un lado, que el protagonista posee una gran capacidad de superación, lo cual constituye un mensaje positivo para las audiencias infantiles. Pero también deja ver algo más, quizás menos perceptible a simple vista: la enorme presión que siente por tener que compensar la supuesta falta de atributos masculinos, lo que lo lleva a correr riesgos innecesarios.
El Reino Champiñón: otro mundo, otras reglas

Mientras Mario y Luigi intentan llevar a cabo la hazaña de salvar a Brooklyn de una gran inundación, ambos son absorbidos por una tubería que los deposita en mundos pertenecientes a otra dimensión. Quien corre con peor suerte es Luigi, que termina en las Tierras Oscuras, gobernadas por el malvado Bowser, donde su vida corre serio peligro.
Mario, en cambio, aterriza en un lugar muy distinto: el Reino Champiñón. Se trata de un mundo luminoso y colorido, repleto de hongos de gran tamaño que embellecen el paisaje, entre los que vuelan miles de mariposas.
Sus habitantes son personajes muy pequeños con forma de champiñón: los Toads. Todos son iguales entre sí, conviven en armonía y están guiados por una líder que se destaca por su valentía y determinación: la princesa Peach.

Peach es una gobernante fuerte y decidida, dispuesta a hacer lo necesario para proteger su reino de la amenaza de Bowser. Junto a Mario, organiza una estrategia de alianzas para enfrentarlo y lograr la liberación de Luigi.
La forma de vida y organización del Reino Champiñón contrasta con la que Mario y Luigi experimentan en Brooklyn. Allí donde antes predominaban el descrédito y la desconfianza, este nuevo mundo aparece como un espacio de cooperación, aceptación y reglas distintas, que invita a pensar que existen otras maneras de vivir, de organizarse y de afrontar los desafíos.
El mayor poder de Mario

La historia está repleta de retos y travesías para Mario, en los que debe luchar cuerpo a cuerpo contra personajes bestiales, dotados de una masculinidad exacerbada, como Donkey Kong o el mismísimo Bowser.
En esas batallas, Mario recibe incontables golpes brutales: vuela por el aire ante cada puñetazo y patada salvaje, y parece que no volverá a levantarse. Sin embargo, gracias a recursos mágicos como la caja o la superestrella, a veces logra volar o convertirse en un ágil gatito.
Lo fascinante es que el poder más grande de Mario no reside allí. Este personaje posee una capacidad mucho más poderosa que cualquier habilidad encantada que pueda adquirir: el amor por su hermano Luigi.

Es ese vínculo el que lo impulsa a levantarse en los momentos más oscuros, cuando parece que ya no hay nada que hacer. Por eso, tantas veces le repiten la frase: “no sabes cuándo rendirte”.
Elegir dónde quedarse
Mario y Luigi logran regresar a Brooklyn tras derrotar al malvado Bowser y, de ese modo, también consiguen salvar a su ciudad de la inundación. Esto despierta la admiración de todos los habitantes del lugar, incluso de aquellos que antes se burlaban de ellos.
Pero aquí aparece lo más interesante: luego de haber alcanzado, por fin, la validación de quienes antes los subestimaban, Mario y Luigi deciden continuar con su emprendimiento, aunque toman una decisión clave: mudarse al Reino Champiñón.
Este giro esconde un mensaje poderoso y atractivo para las audiencias. Mario y Luigi eligen ir a un lugar donde se sienten aceptados. Deciden no pasar toda su vida intentando cumplir con las expectativas ajenas ni permanecer en un espacio donde constantemente les hacen sentir que no son suficientes.
En el Reino Champiñón pueden seguir su propio camino, con otras reglas, quizás más alineadas con aquello que los hace felices.

Edad recomendada para ver Super Mario Bros: La película
Recomiendo que la película sea vista por niños y niñas a partir de los 7 años (+7).
Aunque esta producción presenta narrativas simples, elementos mágicos, música y colores que captan la atención del público infantil y resultan entretenidos, también incluye escenas de violencia repetidas: Mario es golpeado de manera intensa por sus adversarios y recibe patadas fuertes.
En el público infantil de menor edad, la identificación con el personaje y la conexión emocional que se genera frente a estos ataques pueden provocar angustia o incomodidad.
Además, algunos temas complejos de la historia, como los mandatos sobre la masculinidad y la presión que sienten los varones por hacer algo extraordinario para ser aceptados, pueden resultar difíciles de elaborar o comprender plenamente a esas edades.
Por estos motivos, se trata de una propuesta más adecuada para chicos y chicas a partir de los 7 años. Aun así, también en este grupo etario es recomendable conversar en familia sobre lo que vieron, cómo se sintieron los personajes y los mensajes que la película plantea.
Preguntas y temas para conversar en familia
Estas preguntas pueden ayudar a reflexionar sobre la autoestima, los roles de género y la toma de decisiones:
- ¿Qué significa cuando te dicen: “Debes llegar a ser alguien”? Está bien proponerse metas y buscar reconocimiento, pero siempre hay que recordar que “ya somos alguien”. Es importante fomentar la superación personal desde el propio valor y la autoestima, sin perder de vista los valores esenciales de la vida.
- ¿Qué quiere decir “ser un hombre” en nuestra sociedad? ¿Existen otras formas de ser un hombre?
- ¿En qué me baso para tomar decisiones en mi vida: en mis propios deseos o en los mandatos que otros imponen?
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